Fundación de Hogwarts

Hace más de mil años, en algún momento del siglo X, cuatro de los magos y brujas más extraordinarios de su época compartieron una misma ambición. Godric Gryffindor, Rowena Ravenclaw, Helga Hufflepuff y Salazar Slytherin querían crear una escuela donde los jóvenes con habilidades mágicas pudieran aprender y desarrollar sus poderes. De aquel deseo común nació Hogwarts.

El castillo fue levantado en las Tierras Altas de Escocia, lejos de las miradas de los muggles. Eran tiempos en los que las relaciones entre la comunidad mágica y quienes carecían de magia podían ser peligrosas, por lo que Hogwarts fue protegido mediante numerosos encantamientos. Para un muggle que consiguiera acercarse, el enorme castillo no parecería más que unas ruinas acompañadas de advertencias para mantenerse alejado.

Los cuatro fundadores eran amigos, pero cada uno tenía una idea diferente sobre las cualidades que debía buscar en sus alumnos. Godric valoraba el coraje y la determinación. Rowena buscaba inteligencia, sabiduría y deseo de aprender. Helga apreciaba la lealtad, el esfuerzo y la justicia, y estaba dispuesta a enseñar a jóvenes de muy diferentes capacidades y orígenes. Salazar, por su parte, admiraba la ambición y la astucia, aunque con el tiempo comenzó a mostrar una preocupación cada vez mayor por la ascendencia de quienes ingresaban en la escuela. De estas preferencias surgieron las cuatro casas que llevarían sus apellidos.

Cada fundador dejó además su propia huella dentro del castillo, escogiendo espacios para sus alumnos, incluidos los dormitorios y las salas comunes. Incluso el sistema de admisión quedó ligado a ellos. Una vez terminado Hogwarts, colocaron en una torre cerrada el Libro de Admisión y la Pluma de Aceptación, dos objetos encantados capaces de detectar a los niños que demostraban verdadera capacidad mágica.

También tuvieron que pensar en lo que ocurriría cuando ellos ya no estuvieran allí para elegir personalmente a sus estudiantes. Según los escritos de Rowling, el sombrero que había pertenecido a Godric Gryffindor fue encantado conjuntamente por los cuatro. En él dejaron parte de su inteligencia y de sus criterios, permitiendo que el Sombrero Seleccionador continuara decidiendo durante siglos a qué casa pertenecía cada nuevo alumno.

Durante un tiempo los cuatro dirigieron y enseñaron juntos en Hogwarts, pero aquella unión terminó rompiéndose. Salazar Slytherin comenzó a oponerse a que los hijos de familias muggles fueran admitidos en la escuela. Los demás fundadores rechazaron su postura y el enfrentamiento fue especialmente fuerte con Godric Gryffindor, quien defendía que los nacidos de muggles también debían tener derecho a estudiar allí. La disputa terminó con la marcha de Slytherin.

Sin embargo, Salazar había guardado un secreto incluso para sus compañeros. Bajo Hogwarts había construido la Cámara de los Secretos. Rowling explica que las diferencias entre los fundadores habían comenzado pronto, incluso alrededor de la enseñanza de las Artes Oscuras, y que es posible que la Cámara tuviera inicialmente otro propósito. Lo que sí se sabe es que, antes de abandonar la escuela, Slytherin decidió convertirla en el hogar de un basilisco que únicamente él o uno de sus descendientes podría controlar. La entrada solo respondería a alguien capaz de hablar pársel. Su intención era que algún día su heredero regresara y utilizara a la criatura para expulsar de Hogwarts a quienes Slytherin consideraba indignos de estudiar magia.

Así comenzó la historia de Hogwarts. Una escuela nacida de la amistad y del deseo de reunir a jóvenes magos para enseñarles magia, pero cuya propia fundación también dejó sembrado uno de los conflictos que marcaría su historia durante más de mil años.